lunes, 16 de enero de 2012

La Marinera Norteña (parte I)




La Marinera Norteña es un baile originario de la costa norte peruana (específicamente, los departamentos de La Libertad, Lambayeque y Piura). A pesar de la extraordinaria variedad de bailes practicados en las tres regiones de nuestro país, muchos entendidos no dudan en colocar a la marinera en un sitial de honor, como primer baile nacional del Perú.
 
 
The Marinera Norteña is a dance originating in the Peruvian north coast (specifically, the departments of La Libertad, Lambayeque andPiura). Despite the extraordinary variety of dances performed in the three regions of our country,many experts do not hesitate to put the Marinera in a place of honor as the first national dance of Peru.



El baile es una representación elegante y estilizada del cortejo amoroso, en el que el varón intenta conquistar a la dama; quien elude el acoso con coquetería y picardía, escapando y provocando a la vez, con movimientos llenos de gracia.
The dance is an elegant and stylized representationof courtship, in which the man attempts to woo the lady who coyly avoids harassment with coquetry, escaping andexciting at once, with graceful movements. 



Un elemento fundamental para el baile es el traje de la dama, compuesto por una o más enaguas o fustanes sobre las cuales se lleva una falda de raso ricamente adornada y con amplio vuelo, cuyo movimiento resulta especialmente vistoso durante el baile.

A key element for the dance is the costume, consisting of a richly ornamented satin skirt with wide flight, over one or more underskirts or petticoats, whose movement is especially attractive during the dance.

 
 
La danzante de marinera debe presentarse en la pista de baile vistiendo sus mejores trajes pero con los pies desnudos, de la misma forma que lo hacían las campesinas norteñas del siglo XIX.
The dancer must go to the dance floor wearing their best clothes but with bare feet, in the same way they did the ruralnorthern girls of the nineteenth century.

Estando obligadas a bailar descalzas en cualquier superficie sin mostrar ninguna incomodidad, las bailarinas profesionales deben practicar lo suficiente para desarrollar callos gruesos en las plantas de sus pies.
Being forced to dance barefoot on any surface without showing any discomfort, professional dancers should practice enough to develop thick calluses on the soles of his feet.

4 comentarios:

  1. Excelente aporte, muy bien investigado y complementado con hermosas fotos.

    Si desean leer algunos cuentos inspirados en historias reales de bailarina de Marinera Norteña pueden visitar esta página

    https://sites.google.com/site/marineranortena2010/

    Y también esta en Facebook

    http://www.facebook.com/pages/Marinera-Norte%C3%B1a/137104669725667

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  2. EN LA CATEDRAL

    El sol del norte abrasaba. Medio día en la catedral. Tatiana tenía miedo, pero no se echaría atrás. Tenía que bailar y lo sabía. Lentamente, con los pies desnudos, caminó sobre la pista áspera. Hervía. Las plantas de sus bellos pies eran duras y ásperas, pero no lo suficiente para esto. La música empezó y con ella el baile. Sin dejar de sonreir, a pesar del calor que le freía las plantas de los pies, empezó a bailar. La música guiaba sus pasos, y ella se dejó llevar. El ritmo que amaba la hacía girar y dar vueltas, levantando la falda con gracia. Se olvidó del dolor de sus pies, ya no importaba, lo único importante era bailar, bailar y bailar. Amaba la marinera con pasión.


    La música terminó. La hermosa muchacha, cansada pero sonriente, hizo una venia al público y a su pareja y se retiró tal como llegó, caminando descalza sobre la pista caliente, con los pies adoloridos pero feliz.

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  3. En el patio del cuartel


    - La Marinera no es sólo un baile. Es un estilo de vida. Es pasión y valor. Es valentía, disciplina y honor.

    Desde hoy y durante esta semana tendrán el privilegio de ensayar con nuestra banda de música, la banda oficial del concurso.

    Señoritas, ustedes han sido elegidas para acompañar a nuestros soldados y representar a nuestro Ejército y a Trujillo. Sé que lo harán con honor.


    El coronel Gutiérrez se dirigió así a las 8 hermosas muchachas que lo miraban atentas. Formadas bajo el sol, vistiendo sus anacos, escuchaban concentradas sus palabras.


    Una semana en el cuartel, carreras en la playa para fortalecer las piernas, caminatas por la campiña con los soldados para fortalecer las plantas de los pies. Ensayos y más ensayos. Hacía una semana que no usaban calzado. La marinera, efectivamente, no era sólo un baile. Era actitud, pasión, entrega, valor. Y estas 8 guapas muchachas lo tenían y de sobra.


    11 de la mañana. El sol del norte caía de lleno en el patio del cuartel. El cascajo áspero y cruel ardía. Pero a las muchachas no pareció interesarles. Sus pies descalzos desafiaron el ardiente suelo. Dolía. Ingrid recordó los consejos de su amigo, que había compartido con las otras muchachas. Empezó a pensar en cosas agradables, en su helado favorito, en lo que sentía cuando su novio la besaba tiernamente. Las sensaciones agradables se mezclaban con el dolor que el suelo caliente causaba en las plantas de sus pies curtidas y se hacían una sola. La música empezó y con ella el baile. Los jóvenes soldados se acercaron a sus parejas y la danza empezó.


    Una tras otra, las marineras se sucedieron. Con breves pausas para beber algo de agua y refrescarse, las parejas siguieron bailando hasta pasadas las 2 de la tarde.


    Exhaustos, exhaustas, se retiraron a almorzar. Luego del almuerzo y de ducharse, las muchachas se retiraron a sus habitaciónes.


    -Fue duro esta vez, el sol está terrible

    -Gracias a Dios y a los ejercicios, ya no hay ampollas


    Empezaron a comparar las plantas de sus pies, como lo hacían desde que llegaron, orgullosas de lo que veían. La piel se había convertido ya en una superficie pareja, gruesa y flexible. Parecía badana, cuero. Tenía una belleza particular. Los finos y delicados pies de las chicas, aparentemente indefensos, eran mucho más resistentes de lo que cualquiera pudiese pensar. Bailar marinera norteña así lo requería, y estas muchachas ardían en deseos de ganar, de presentar un buen desempeño en la coreografía y dejar en alto el nombre del cuartel y los suyos propios.


    El concurso era la siguiente semana. Enero, mes de la Marinera en Trujillo. La semana transcurrió entre ensayos y bailes, siempre en el patio del cuartel. Las figuras se sucedían perfectamente sincronizadas, como en una misión comando. Disciplina, valor, belleza, gracia y honor. Así era la Marinera. Coqueteo, salero, sonrisas y pañuelos.


    Estaban listas. Lo harían bien. Los propios soldados las admiraban por su entrega y su valor, por su resistencia. Las jóvenes no se habían rendido, habían resistido las horas de entrenamiento y ensayos, las pruebas de resistencia, cual soldados. Se habían ganado el respeto y la admiración de todo el cuartel.


    La banda empezó a tocar. El momento había llegado. El día del concurso, las ocho parejas deslumbraron al público y se ganaron su corazón. Una lluvia de aplausos y vivas, de confetti, era el premio a su esfuerzo.


    Felices, los jóvenes y las muchachas salieron de la pista entre aplausos que no cesaban. Lucían contentos y orgullosos, satisfechos del trabajo bien hecho, del esfuerzo demostrado y unidos por una misma pasión, la Marinera Norteña.




    Con admiración y respeto para las bailarinas y bailarines que lo entregan todo en la pista

    Enero de 2012

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  4. PAÑUELOS DE PLATA


    Faltaba poco para el concurso de coreografías. La competencia sería feroz, todos los participantes darían el todo por el todo...y ellos también, tenían que dejar en alto el honor del Ejército Peruano, de su Brigada.

    El sol de medio día caía vertical sobre las cabezas de los bailarines, que a pesar del intenso calor continuaban ensayando. Era un lujo poder ensayar con la mismísima banda que tocaría en el concurso, tenía sus ventajas estar en el Ejército.

    Las parejas se movían al ritmo de la música, siguiendo las indicaciones del profesor Terrones. Con disciplina y precisión milimétrica, como si se tratase de una operación de asalto, los jóvenes soldados y las guapas muchachas se movían de aquí y allá, bailando, memorizando sus posiciones, escuchando el momento exacto en el que debían hacer tal o cual figura o desplazamiento.

    La losa de cemento, calentada bajo el sol inclemente, cruel, quemaba terriblemente...tanto que desde las once de la mañana las bailarinas no tenían más remedio que usar sandalias para poder soportar el intenso calor.

    Todas, menos una.

    Ingrid era la única que seguía ensayando descalza a esa hora, en pleno medio día, cuando las demás, derrotadas por el sol, se veían obligadas a bailar con sandalias.

    Su pareja insistía en que se pusiera las sandalias

    -Ingrid, por favor, ¡póntelas! te vas a lastimar

    -¡No quiero! Prefiero quemarme, esas sandalias me han costado caras y no quiero romperlas.

    -¡Pero Ingrid!

    -Ya te lo dije Julián, prefiero quemarme mis pies antes de que se rompan mis sandalias

    La música empezó de nuevo, tenían que continuar. El soldado, derrotado por la muchacha, movió la cabeza y empezó a bailar nuevamente, mirando fijamente los pies desnudos de Ingrid que se movían con gracia sobre el áspero y ardiente pavimento. Quemaba mucho, él lo sabía...¿cómo hacía esta muchacha para soportarlo? ¿Qué la llevaba a aguantar eso? No era solo por cuidar sus sandalias, tenía que haber algo más.

    Ingrid bailaba, girando, moviendo el pañuelo con gracia, sonriendo coqueta, yendo y viniendo, alejándose con femenina dulzura cuando él se acercaba...eso era la Marinera, un baile de conquista, de cortejo, en el que el varón se acercaba a la dama, tratando de conquistarla, mientras ella respondía para, en el último momento y con una sonrisa escapársele de entre las manos.

    Los pies de Ingrid le coqueteaban, lo provocaban, desafiantes. Eran bonitos. Largos y esbeltos, delgados, bien torneados. Sus deditos largos y sus arcos pronunciados los hacían aún más elegantes. Quién diría que esos piececitos tan femeninos y aparentemente delicados e indefensos eran en realidad tan fuertes y resistentes. Las plantas de los pies de la guapa muchacha lucían grises del polvo del suelo, pero bajo esa capa gris se adivinaban bastante enrojecidas por el tremendo calor.
    ***
    La historia completa en:

    https://sites.google.com/site/marineranortena2010/home/panuelos-de-plata

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